Hidalgo, E., Heroína, Ed. Amargord, Madrid, 2007

Una vez más os presentamos un libro de Eduardo Hidalgo, y, también en este caso, de la Editorial Amargord. Heroína es un libro de 500 páginas de apretada letra, de modo que, no os vamos a engañar, para calzárselo así del tirón, como hizo aquí el menda, hace falta: a) Mucho interés en formarse; b) Mucha disciplina; c) Gusto por el modo de escribir de Hidalgo y por su sentido del humor (hasta ahora, el punto más fácil); d) no tener televisión, lo cual, además de mejorar increíblemente la salud mental, posibilita avanzar en la lectura mientras se desayuna, se come o se cena incluso si se va justit@ de tiempo el resto del día; e) Una combinación de los anteriores.

Tras esto, hemos de decir que estamos ante un libro que puede funcionar más como un texto de consulta que como algo que nos tengamos que leer de golpe, así que tampoco se nos asusten. Incluso, como dice el propio autor, “básicamente es un libro para consumidores y potenciales consumidores, para quien tome ya esta sustancia y, sobre todo, para quien tenga pensado hacerlo. En consecuencia, quien tenga pensado abstenerse de consumir heroína, haría bien en abstenerse igualmente de leer este documento, porque su lectura probablemente le resulte tan infumable como infumable le resultaría la lectura de un manual sobre pesca a quien no tenga intención de pescar”. Sin embargo, esta declaración casi disuasoria tiene, a nuestro modo de ver, mucho de modestia, y el libro es realmente interesante en muchos más sentidos.

Comenzada la lectura, y tras una introducción llena de humor (muy incisivo y fundamentado, por cierto…) nos adentramos en un extenso recorrido por la historia de los usos de la heroína y por los parámetros políticos que dan lugar a la situación actual. Cierto es que, tras ello, y a lo largo de doscientas páginas, el libro contiene una exposición de placeres y riesgos asociados al uso de la sustancia, una explicación de las posibles formas de administración (con sus respectivas ventajas e inconvenientes) y, más tarde, un auténtico manual de uso del jamaro, que hacen que quizá la advertencia inicial del autor no parezca tan desencaminada. Corona esta parte, información de precisión sobre la composición de las muestras de la calle, basada en los informes del Instituto Nacional de Toxicología y en los servicios de análisis de sustancias de organizaciones de reducción de riesgos. Recordad que este último capítulo también está presente en el compendio ¿Sabes lo que te metes? del mismo autor (ver la reseña en esta sección), y que, en el caso de la heroína, sirve entre otras cosas para desmentir algunos de los mitos, alejadísimos de la realidad, que reproducen y suscriben autores como Antonio Escohotado (por ejemplo en su libro Aprendiendo de las Drogas; lo cual supone un error particularmente arriesgado…) sobre la pureza media de la heroína callejera; mucho mayor de lo que asegura éste último.

Se trata de un fragmento del libro interesante y, como siempre, bien escrito (aunque en ocasiones algo redundante) por parte de un muy buen conocedor de la materia, que aborda el tema con rigor, con seriedad y sin frivolidad; libre de prejuicios y de modo muy preciso. Pero independientemente de que en este momento habrá quienes hayan abandonado el “manual de pesca”, tal vez puedan retomarlo cuando comienza el último tercio, dedicado a la relación de la sustancia con la cultura popular; con el cine, con la música, con la literatura en general y con la poesía en particular. O quizá centrarse en la parte que analiza la actual situación legal y sus consecuencias. Si esto tampoco es de su interés, puede que sí lo sea el apéndice final elaborado por José Carlos Bouso sobre nuestro propio sistema opioide y sobre cómo interacciona éste ante la introducción de opiáceos exógenos.

Llegados a este punto, y como tenemos la suficiente confianza con el autor y además se lo tenemos prometido, expondremos en esta mínima reseña crítica (miren que es habitual que erróneamente se considere hacer una crítica a decir sólo la parte negativa de algo, en lugar de a hacer un análisis de ese algo) la parte de ella relativa a lo que consideramos mejorable. Así, a petición del propio Eduardo, (otra cosa que le honra), ahí va…

Además de que nos cuesta perdonarle (;-)) que sea tan tacaño con los puntos y aparte, echamos en falta que se haga algo más de hincapié, (puesto que se menciona, pero muy de pasada), en la motivación terapéutica de algun@s usuari@s, y que se salga un poco de la dicotomía de “placeres y riesgos”, que nos parece un poco incompleta. Efectivamente, habrá algunas personas para las cuáles, la heroína (o su “abuela”, la lindísima amapola) será un modo de automedicación en el que no busquen un “placer” en sentido estricto, sino un remedio para sus males, sea el caso de un leve insomnio, de cierto grado de ansiedad o de dolencias fuertes, y que informadamente entiendan que es mejor un opiáceo natural o semisintético que un sucedáneo benzodiacepínico, por ejemplo.

Más allá de este apunte, la que sí nos parece bastante floja es la parte dedicada a la historia de la sustancia; entre otras cosas, porque (como aclara el propio Hidalgo) recoge casi intacto el relato de la Historia General de las Drogas de Escohotado y, para el caso hispano, del texto Drogas y cultura de masas (España 1855-1995) de Juan Carlos Usó, cuya visión neoliberal (en ambos casos) nos cruje por todas partes. A nuestro juicio, esta parte está marcada por un sesgo político insostenible y por algunas argumentaciones endebles que, entre otras cosas, adolecen de muchos prejuicios; algo que en otras partes de libro (los prejuicios en general, no los mismos en cada caso, claro…) se tratan de deconstruir. Por tanto, y siempre desde nuestro punto de vista, esta sección tiene elementos interesantes pero necesita de un filtrado y de una reelaboración importante. Eduardo siempre nos dice que sobre política “no pilota mucho” (y no sabemos si es para que no le demos la brasa o porque lo cree realmente, je, je…) pero no es excusa, hermano; así que toca formarse también en esta parte del tema.

Con esta licencia y tirón de orejas algo insolente que nos hemos permitido, finalizamos esta pequeña reseña-recomendación. En breve, las otras dos de la “trilogía” que os comentábamos. Y como siempre os decimos: a leer, que son dos días…;-)

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