Nos va a permitir el gran dibujante Miguel Brieva que aprovechemos una de sus excelentes viñetas para tratar un tema que nos ronda la cabeza. Como sabréis algun@s, recientemente fue publicada la última actualización (2018) de la encuesta ESTUDES, referida al consumo de drogas en la población escolar (14-18 años) y, de nuevo, una de las “variables” a las que se atiende es al “binge drinking”.1 What? ¿Me diga? Que sí, gentes… por si no estáis familiarizad@s con el término, éste se refiere a los también llamados “atracones” de alcohol o encuentros en los que se bebe de modo acelerado, buscando alcanzar de modo rápido una considerable borrachera.

Esto, al parecer, es una “nueva moda” o “tendencia” de la juventud, tan descarriada siempre… Si por un momento, y antes de salir a hacer running o de poneros a bailar twerking, os da por reflexionar, quizá penséis que eso se hace desde siempre y que, de hecho, os recordáis a vosotr@s mism@s y/o a vuestr@s colegas practicando esto del “binging” en vuestra tierna adolescencia. Pero no, no mezcléis churras con merinas, porque eso de comprar el alcohol a escondidas y de baratillo y metéroslo entre pecho y espalda más bien rapidito, porque había que esconderse de l@s progenitor@s, porque no teníais un lugar para hacerlo (o hacía un frío que pelaba) y porque, además, estabais explorando, llen@s de inseguridades, y teníais poco control de cuánto os afectaba el alcohol; todo esto, decimos, no era lo mismo que a lo que nos referimos.

En primer lugar, porque lo de llamarle “borrachera”, además de no tener encanto, glamour, se puede confundir con lo que hacíamos nosotr@s (ya sabéis que no es nuestro caso, que somos “abstemi@s polític@s”, pero hablamos en general…) que era siempre más sensato, más controlado e inteligente que lo de la juventud de hoy en día, que, hay que ver, no sabe nada de nada… Y además, un término tan burdo podría incluso invitar a pensar que hay demasiadas similitudes (aún con las obvias diferencias) con lo que seguimos haciendo l@s adult@s en cada fiesta patronal, por ejemplo, o incluso en cada fin de semana de evasión. Y está claro que así no podríamos seguir con la tendencia del escandalizating respecto a las prácticas de nuestros vástagos.

Esta tendencia, que tampoco tiene nada de nueva, por cierto, no es exclusiva de madres y padres, sino que, como ya comentábamos en artículos anteriores, se hace extensiva a preventólogo@s” (“drogabusólog@s) que, a veces y haciendo un exceso, reconocen alguna “canita al aire” en su juventud, pero que ahora se erigen en garantes de que las generaciones subsiguientes no tengan derecho a experimentar como ell@s lo hicieron.1 O como algun@s educador@s de todo ámbito que parecen haber saltado desde los diez años directamente hasta los cuarenta, y que, entre suspiros por la degeneración de esta juventud de hoy día, abronca sistemáticamente a las criaturas desde una mixtura entre el pensamiento normativo-prohibicionista asumido, una ignorancia inducida (y, en parte, aceptada) y un tono condescendiente a la hora de dirigirse a las y los adolescentes que, ya perdonaréis, a algun@s no sólo nos repatea los higadillos sino que nos parece, por ser suaves con el calificativo, muy pobre educativamente hablando.

Y, como nos preguntábamos también en algún otro escrito, ¿seremos alguna vez lo suficientemente madur@s, responsables y sensat@s como para dejar de tirar balones fuera y de “taladrar” a l@s adolescentes? ¿Para entender que l@s niñ@s hacen lo que ven hacer a sus adult@s y no lo que ést@s se empeñan en decirles que es lo correcto, mientras en realidad es@s adult@s no lo hacen? ¿Dejaremos de empeñamos en el autoengaño y de repetir que l@s adolescentes se emborrachan mucho, cuando son ya talludit@s quienes lo hacen en su mayoría? Si no queremos que l@s jóvenes se pongan cieg@s como canastos, no lo hagamos l@s adult@s, así de facilito… Si queremos que la gente joven aprenda lo que tenga que aprender sobre drogas, ¿qué tal con la práctica y desde la coherencia? ¿Qué tal con información real y no con chapas infumables o con películas para no dormir de efectos claramente contrapreventivos?

Estas son sólo algunas de las muchas preguntas posibles, claro. Por que otras incluirían pensar en qué grado de ansiedad están desarrollando nuestras criaturas para arrojar cifras del 12,5 % ¡¡de l@s menores de 14 a 18 años, repetimos!! que reconocen el consumo de hipnosedantes, tal como se refleja en la encuesta mencionada. Y también en que no sólo hay componentes de desinhibición y experimentación en sus consumos, obviamente, sino también intentos de aplacar dicha ansiedad (ante la falta de un futuro digno, por ejemplo) por la vía de determinados consumos, incluido el del tampoco tan novedoso “lean”, sobre el que ya escribimos.2 Pero bueno, lo dejaremos aquí para que el artículo sea breve, y porque siquiera intentar caracterizar mínimamente las afecciones que está sufriendo tanta gente, no sólo las criaturas, en este manicomio al que nos empeñamos en llamar sociedad, excede muchísimo las pretensiones de este sencillo articulito.

Así pues, si deseáis poneros al día, interrumpid por un momento las labores de instagramer de vuestros retoños, o algún campeonato de gamers en el que estén enfrascados (todo ello muy convenientemente fomentado por algunas instancias “preventivas” de cada ciudad; ese artículo queda para otro día…) y tratad de entablar una conversación sobre sus consumos. O, mejor, sobre sus inquietudes en general. A lo mejor, a base de practicar un nuevo modelo de dialoging aprendemos algo y empezamos a cambiar las relaciones desde muy temprano.

1 Ver por ejemplo “Las drogas y los cursos prematrimoniales”: http://consumoconciencia.org/2019/12/19/las-drogas-y-los-cursos-prematrimoniales/ Por cierto que los mitos que se empeñan en defender algun@s progenitor@s, en la mayoría de los casos desde la buena intención y el instinto protector, de que “en nuestros tiempos se sabía más” o que “en nuestros tiempos las drogas estaban más limpias no como ahora que llevan cualquier mierda…”) no resisten el más mínimo contraste con los datos fiables de los informes oficiales o de las organizaciones de reducción de riesgos.

2 http://consumoconciencia.org/2019/04/22/acerca-del-llamado-lean/

1 http://www.pnsd.mscbs.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/ESTUDES_2018-19_Informe.pdf

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