El pasado domingo 20 de mayo, El Periódico de Aragón publicó una noticia titulada «El Colegio de Médicos carga contra el folleto de drogas», en la que se asegura que éste “hace una “aproximación irresponsable” al consumo». Ante esto, y aprovechando el derecho a réplica que en esta ocasión sí tenemos, nos reafirmamos en la defensa de la Reducción de Riesgos, línea de trabajo en funcionamiento desde hace más de veinte años y refrendada por la recientemente aprobada Estrategia Nacional de Adicciones. Así se hizo también en el comunicado de apoyo que publicamos en su momento firmado por catorce organizaciones de ocho países diferentes sobre el que, mucho nos tememos, no tuvieron ustedes noticia.1

Nos vuelve a sorprender sobremanera que se descalifique información tomada de materiales sellados por el propio Ministerio de Sanidad y Consumo y el Plan Nacional Sobre Drogas, incluidas por supuesto las partes “polémicas” en las que se dan pautas de reducción de riesgos y de daños en el consumo de ciertas sustancias. No nos sorprende tanto que se sigan repitiendo tópicos, no por habituales menos falsos, acerca de la distinción entre “drogas” y medicamentos” y sobre lo indigno que es, supuestamente, mezclarlos. Miren, tan droga es el diazepam como la MDMA o, si quieren una comparación más cercana, como el opio. El hecho de que unas sean legales y otras no, no cambia su naturaleza farmacológica, y pretender hacer creer a la gente que las drogas legales lo son por ser menos peligrosas o potencialmente dañinas y las ilegales ostentan esa condición por lo contrario (y no por motivos económico-políticos y culturales) es insultar la inteligencia. Esto es evidentemente falso y tal falacia ha sido desmentida por cuanto estudio histórico se ha acercado al tema sin un interesado sesgo.

Por otro lado, lo repetiremos una vez más, decir que una serie sustancias son drogas no equivale a equipararlas ni a afirmar que todas tienen los mismos caracteres o riesgos, al igual que decir que una bicicleta y un transatlántico son ambos medios de transporte no implica aseverar que sean idénticos. De nuevo nos disculpamos por la obviedad que nos obligan a decir, aunque aprovechamos, para insistir en que las benzodiacepinas (diazepam, lorazepam, etc.) no son precisamente más seguras que su predecesor en el tiempo, y que tampoco ofrece más riesgo el cannabis que tantos jóvenes consumen que los antipsicóticos (risperidona, haloperidol, etc.) que se recetan de un modo absolutamente excesivo a chiquillos, antes calificados como delincuentes y hoy como delincuentes y enfermos del llamado Trastorno Negativista Desafiante. Sí, esto existe; consulten los DSMs y asústense, o vayan a las cárceles de niños, mal llamadas reformatorios, y asústense aún más.

Si no quieren ir tan lejos, vean la prevalencia de consumo en menores (14-18 años) según la encuesta Estudes2 y vean como, si bien un 26,3% de ellos han consumido cannabis en los últimos 12 meses, un 17% lo ha hecho de hipnosedantes de farmacia; dato no menos alarmante. Como much@s de ustedes sabrán, está hoy de moda entre l@s jóvenes consumir jarabes con codeína mezclados con refrescos. ¿Será “droga” la codeína? ¿La ilegalizamos? Lo es, sin duda, y su uso no cambia su naturaleza química ni debería cambiar la legal. Sobre drogas legales e ilegales estaremos encantados de mantener los debates (equilibrados) que sean necesarios; con miembros del Colegio de Médicos o con cualquiera que desee hacerlo.

Decían los creadores del proyecto IGIA que Las campañas supuestamente preventivas son la expresión hecha discurso de los criterios políticos penalizadores con los que se está afrontando el tema”. Las propias definiciones de lo que es “droga” y lo que no están sujetas a malabarismos institucionales para separar en grupos diferentes en función de la farmacología lo que está separado en función de la política. La multidefinición de la OMS (con cuatro significados paralelos, de los que a nosotros nos interesa el farmacológico) es un buen ejemplo de ello.3

Además, nos dejó atónitos que se afirmase en el citado artículo que “llama la atención la desinformada e interesada equiparación de determinadas sustancias legales” como pueden ser el alcohol o el tabaco, con “drogas de alta incidencia de mortalidad e incluso letalidad”. Veamos que, por ejemplo (y dejando a un lado el tema de los opioides de prescripción), en el mundo hay más de 7 millones de muertes directamente relacionadas con el tabaco cada año, de las cuáles unas 890.000 son el resultado de la exposición de los no fumadores al humo, según datos de la propia OMS.4 En contraste, las estimaciones mundiales de dicha organización indican que 245.000 muertes son atribuibles a las drogas ilícitas cada año.5 Es decir: el humo de los fumadores genera mucho más daño entre los no fumadores que el consumo de todas las drogas ilegales juntas, aunque es cierto que el número de consumidores es diferente y que habría que ajustar los datos en función de eso.

Acabamos ya, no sin lamentar que de nuevo la precampaña electoral impulse artículos que hacen un flaco favor a las políticas preventivas. Afortunadamente, la mayoría de las personas son más inteligentes de lo que algunos nos quieren hacer creer y así se nos confirma en cada taller o curso que impartimos. Malas noticias para quienes buscan desprestigiar e incluso interrumpir nuestro trabajo.

El equipo de Consumo ConCiencia

1http://consumoconciencia.org/2018/02/14/comunicado-apoyo-la-reduccion-riesgos/

2 http://www.pnsd.msssi.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/ESTUDES_2016_Presentacion.pdf

3 http://www.who.int/substance_abuse/terminology/lexicon_alcohol_drugs_spanish.pdf?ua=1

4 www.who.int/mediacentre/factsheets/fs339/en/

5 www.who.int/healthinfo/global_burden_disease/GlobalHealthRisks_report_part2.pdf

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