Virgen al matrimonio y l@s hij@s que te dé Dios. Hijos a los que, además, advertirás de que si se masturban se quedarán ciegos (no hay “@” porque para las niñas lo de tocarse ni se comtemplaba…) y de l@s que, por supuesto, se ocupará de cuidar la mujer; en casa: donde debe estar.

Afortunadamente algo hemos avanzado. Bueno, no por fortuna sino gracias a una lucha social valiente y sostenida en el tiempo. Así, aunque a nivel general todavía no tengamos una Educación Afectivo-Sexual (en adelante, EAS) completa, rica en contenidos y matices y, por supuesto, igualitaria, los tiempos del oscurantismo represor van quedando enterrados, no sabemos en qué valle.

Y en la EAS, ¿qué consideramos deseable? Como mínimo, hablar de sexo con naturalidad y como algo integrado en nuestro mundo afectivo, respetar la libertad y la diversidad sexual, aprender a conocer nuestro cuerpo y nuestras emociones sin tabúes y sin considerar pecaminoso ni el disfrute ni el placer y, por supuesto, enseñar a utilizar los diferentes métodos anticonceptivos y de protección frente a las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS).“Bien, esto está claro”, diréis, “pero, ¿qué diantres tiene que ver con las drogas, que es lo vuestro?”. Pues tiene que ver por una oportuna comparación entre ambos temas, en tanto que en la Educación sobre Drogas (ED) seguimos, de modo abrumadoramente mayoritario, en el equivalente al discurso de la virginidad hasta el casamiento.

En el caso de las sustancias psicoactivas… (Sigue leyendo, aquí)

CC BY 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.