DECÁLOGO DE EVIDENCIAS QUE INTENCIONADAMENTE IGNORAN (O SOBRE LAS QUE DIRECTAMENTE MIENTEN) LXS ADALIDES DE LA “PREVENCIÓN BASADA EN LA EVIDENCIA”
Éste es el segundo de la serie de artículos que estamos dedicando a trazar un mínimo análisis del enésimo arreón de lxs defensorxs de la “Guerra contra (algunas) drogas”; ése que ahora se extiende e impone bajo el disfraz de la cientificidad, bajo la más absoluta falsedad, de estar haciendo prevención basada en la evidencia. Así, tras el primero, centrado en una aproximación al tema y en el examen concreto del texto perpetrado por Daniel Lloret y Víctor Cabrera y avalado por la Delegación de Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad, titulado Medidas de Prevención del consumo de drogas y daños asociados en contextos de ocio nocturno. Revisión de evidencia, eficacia y aplicabilidad, y antes de proseguir con otros sencillos análisis de documentos, continuaremos con este decálogo de evidencias que descaradamente ignoran o sobre las que mienten lxs guardianxs de la “evidencia.1 1
No esperen, en cualquier caso, un decálogo compuesto sencillamente por 10 frases sueltas: ir a la contra del discurso dominante y casi ominipresente exige un mínimo, aunque sea muy mínimo, de exposición y argumentación.22 Como en el artículo anterior, hemos salpicado el texto con abundantes y extensas notas para completar algunas de las evidencias, pero de modo que no hagan demasiado extenso el núcleo del mismo y de forma que éste se pueda leer sin recurrir necesariamente a ellas. Confiamos en que sea una fórmula acertada… Ahí va…:
1ª EVIDENCIA- El farmacólogo Louis Lewin en la introducción a su obra Phantastica (1924) expresaba así una evidencia histórica y antropológica incontestable: “Salvo los alimentos, nada hay sobre la Tierra tan íntimamente asociado a la vida de los pueblos, en todos los países y tiempos”. Efectivamente, en ningún momento de la historia ni en ningún lugar del mundo ha existido una comunidad humana que no haya utilizado drogas. “Las drogas a menudo se presentan como contaminantes no naturales, introducidas en una sociedad desde el exterior o por fuerzas desviadas. En realidad, se han utilizado a lo largo de la historia de la humanidad. En antropología, las técnicas y/o sustancias que alteran el estado de ánimo o la conciencia forman parte de la lista de «humanos universales» junto con la música, el lenguaje, el juego y otros, formando el conjunto básico de herramientas culturales.”.3 De hecho, el consumo de drogas no es sólo un “humano universal”, porque hay alrededor de 400 especies animales identificadas que las consumen intencionadamente, y probablemente haya muchas más que no conocemos.4
Frente a esta evidencia observamos los delirios de algunas agencias, que “obligaron” a afirmar en 1998 al entonces Secretario General de la ONU, Kofi Annan: “En 10 años se habrán acabado las drogas en todo el planeta”.5 Quien quiera “erradicar las drogas” tendrá que acabar con buena parte de la vegetación del planeta, con algunas especies animales y, por supuesto, con muchos laboratorios. Quien quiera acabar con las personas consumidoras tendrá que superar cualquier genocidio pretérito y actual, y exterminar a toda la población mundial. En realidad, nadie pretende eso (aunque no tienten a Netanyahu…) como tampoco se pretendía ni pretendela protección de la salud pública: “sólo” instaurar y mantener un sistema de control con beneficios “económicos” (crematísticos) multibillonarios y enormes ventajas políticas, directamente proporcionales a los perjuicios para los derechos, la salud y la convivencia armónica e inclusiva.
2ª EVIDENCIA- También hoy en día, claro, usamos drogas cotidianamente todas las personas sin excepción. A pesar de la identificación torticera habitual en la preventología dominante, evidentemente no sólo las utilizamos para la evasión o el ocio sino para muy diversos fines: para sedarnos o relajarnos, para mitigar el dolor, para estimularnos, para evadirnos de una realidad estresante u hostil, para romper la rutina psíquica, para generar contacto o empatía, etc., etc., y bien sean las legales (alcohol, diazepam, fluoxetina, cafeína, pregabalina, tramadol, sildenafilo, etc.), o las ilegales (cannabis, cocaína, MDMA, LSD, hongos psilocibios, etc.) Por ello, lo adecuado no es hablar en tercera persona del plural (de “las personas consumidoras”) planteando una dicotomía falsa y que además genera barreras, sino siendo conscientes de que todas somos consumidoras, de unas o de otras, y de que la que corresponde usar es la primera persona del plural.
Y cabe insistir en que la inmensa mayoría del consumo, incluso bajo las actuales condiciones indeseables, es esencialmente NO problemático.6 “Resulta fundamental distinguir entre el consumo de drogas y los trastornos por consumo de drogas (…) El consumo de drogas no es un problema de salud y no implica dependencia”.7 Decían los clásicos que“la diferencia entre remedio y veneno está en la dosis”. Evidentemente existen otros muchos factores para que se dé dicha diferencia, aunque ése sea fundamental, y resulta imprescindible atender a todos los elementos de los tres vértices del Triángulo de Zinberg. En cualquier caso, la discusión no estriba en si el consumo de sustancias psicoactivas entraña peligros o no, o en si éste puede tener consecuencias negativas (además de las positivas, claro); eso esta fuera de discusión, por obvio. La cuestión es bajo qué condiciones legales y, por tanto, también científico-sanitarias, de conocimiento general, etc., el consumo de sustancias es menos problemático para cada una de las personas y para la sociedad en su conjunto.
3ª EVIDENCIA- La instauración de la “Guerra Contra (algunas) Drogas”, de la Doctrina Prohibicionista, NADAtiene que ver con declarada protección a la salud. 8 Esta es una política que tiene precedentes históricos remotos en determinados lugares pero que nació con dimensión global hace poco más de un siglo, con las primeras Convenciones del Opio(Shangài, 1909; La Haya, 1912), celebradas por la presión de círculos ultraconservadores protestantes estadounidenses en conjunción con los intereses de la industria farmacéutica, con otros intereses comerciales coloniales y también con un marcado sustrato racista.9 A través de la inclusión forzada de sus presupuestos en tratados internacionales, como el de Versalles de 1919 (que puso fin a la 1ª Guerra Mundial), y del desarrollo de convenciones, como la de 1936 (Convención para la Supresión del Tráfico Ilícito de Drogas Peligrosas, celebrada en Ginebra), dicha política fue asumida por un mayor número de países, hasta llegar a su universalización tras la 2ª Guerra Mundial, a través de la llamada Convención Única sobre Estupefacientes (Nueva York, 1961), en la que los EE. UU. culminaron este proceso de imposición a nivel mundial.
Actualmente escuchamos decir repetidamente (incluso por parte de algunos gobiernos e instancias internacionales) que la guerra contra (algunas) drogas “ha sido un fracaso” pero, en realidad, se puede considerar un éxito, si entendemos que en realidad pretende dicha generación de superbeneficios (de dinero “negro”… y también “blanco”), el sostenimiento de múltiples intereses corporativos (incluidos los de cierto sector preventológico, además de, por supuesto, los de mafias de toda dimensión y naturaleza, legales e ilegales) la legitimación de intervenciones militares, profundizar en el control social, el embrutecimiento y/o aturdimiento general, etc. Todo esto lo hace bastante bien, independientemente de las declaraciones piadosas utilizadas para justificar dicha guerra.10
4ª EVIDENCIA- La Doctrina Prohibicionista impone una política indudablemente iatrogénica. Refuerza sistemas sociales cerrados que necesitan de chivos expiatorios y generauna “profecía autocumplida” (según los términos utilizados por el sociólogo R.K. Merton); es decir: se dice de “la droga”, de modo simplificado y estereotipado, que es causante de los males, se ilegalizan algunas y se construye un multifacético aparato represivo, que incluye también mantener el oscurantismo, la ignorancia y el miedo. Con todo ello, se generan exactamente los efectos que se habían “pronosticado”.
Estamos inmersxs en un sistema criminal y criminógeno, que viola principios básicos del derecho, y de hecho, de este ámbito es uno de los que provienen las principales críticas: “Algún día, cuando la despenalización de las drogas sea una realidad, los historiadores mirarán hacia atrás y sentirán el mismo escalofrío que hoy produce la Inquisición”, aseveraba por ejemplo Javier Martínez Lázaro, juez de lo penal del juzgado n.º 4 de Madrid.11 “En el presente informe, la Relatora Especial parte del trabajo realizado por sus predecesores, que han analizado las repercusiones que tienen sobre los derechos humanos las leyes y políticas internacionales en materia de drogas en el marco de la “guerra contra las drogas” y, más concretamente, la forma en que esos marcos jurídicos han propiciado un entorno de mayores riesgos y violaciones de los derechos humanos.”12 12
“Ruth Dreifuss, por su parte, señala “el costo humano de las políticas equivocadas, su incapacidad para reducir la producción y el consumo de drogas ilegales, y de minar las organizaciones delictivas”. Entre otras consecuencias, se mencionan la propagación de enfermedades infecciosas, muertes por sobredosis, uso de sustancias adulteradas, violencia asociada a represión y guerra entre pandillas, corrupción, escasez de tratamiento farmacológico adecuado y alivio del dolor, hacinamiento en cárceles, ausencia de perspectiva de integración social en personas con antecedentes de delitos por drogas, incluidos consumidores y actores no violentos involucrados en la oferta. Además, pone énfasis en el desperdicio de dinero público en represión en lugar de financiar medidas eficientes de prevención, tratamiento y reducción de daños.”13
En relación con esto, está claro que se pueden hacer muchas especulaciones al respecto de lo que supone mantener políticas punitivo-penales o bien normalizadas hacia el consumo de ciertas sustancias, pero que resulta mucho más útil estudiar los múltiples ejemplos históricos para constatar lo aberrantes que resultan las primeras.14 Históricos y actuales, dado que también podemos atender a los datos de prevalencia de consumo y, sobre todo, de problemas asociados, en los países que han regulado los usos de algunas sustancias ilegalizadas frente a otros que mantienen las políticas más restrictivas. En cualquier caso, no caigamos en la trampa: debemos ser conscientes de que «seguimos dentro de la lógica de la sensatez al revés: el peso de la prueba debería estar obviamente a cargo de los partidarios de la Prohibición; son ellos los que deberían demostrar la eficacia de las políticas en vigor desde hace varias décadas, en vez de pontificar sobre los posibles fracasos de planteamientos alternativos que ni siquiera quieren probar». 15Tal como afirma el Dr. Daniel Radío, ex-Secretario General de la Junta Nacional de Drogas de Uruguay, “Elexperimento sociales el Prohibicionismo, no la Regulación”.
Por cierto que al respecto de experimentos, este de tratar de poner puertas al campo provoca también la constante aparición de nuevas sustancias; no ya las que se conocen como research chemicals (nuevas drogas producto de la investigación) sino aquellas drogas diseñadas por químicxs clandestinxs específicamente para esquivar la fiscalización, y que convierten a muchxs consumidorxs en conejillxs de indias. El propio Alexis Goosdeel, director de la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA, por sus siglas en inglés), en el momento de presentar el informe de situación de 2024, declaró: «Nunca hemos tenido tantas drogas de contrabando en Europa ni fabricadas en Europa». Goosdel reconoció que sólo en la U.E. se habían censado más de 700 nuevas sustancias psicoactivas en los últimos 10 años.16
Evidentemente, y a diferencia de lo que afirman en el deplorable Currículum de Prevención Europeo, editado por el OEDT, además de “Acatar los requerimientos legales” (sic) nuestra obligación es cuestionar una legislación que maximiza el daño, en lugar de ser complacientes ante ella e ignorar su carácter iatrogénico.17
5ª EVIDENCIA- La Doctrina Prohibicionistay todas sus instituciones derivadas vulneran sistemáticamente los principios científicos (en los que dicen basarse)en aras de mantener dicha legislación iatrogénica y sus intereses subyacentes. De hecho, la Comisión Global de Políticas de Drogas, analizando la instauración de este sistema, tituló su Informe de 2019 precisamente así, La clasificación de sustancias psicoactivas. Cuando se dejó atrás la ciencia.18 “En conjunto, los determinantes sociales, políticos, comerciales y jurídicos de la salud influyen en los contextos en los que una persona puede producir, distribuir o consumir drogas y pueden crear y reforzar las desigualdades en salud. Se necesita urgentemente un enfoque alternativo del consumo de drogas, que esté basado en datos científicos y centrado en la salud pública y los derechos humanos.”19
Clasificaciones acientíficas, descripciones de sustancias psicoactivas absolutamente sesgadas por no decir directamente falsas, ignorancia total de cuestiones jurídicas, socio-históricas o educativas… La relación es interminable… Incluso, en ocasiones, ciertas instituciones como el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA, por sus siglas en inglés) el ente que más fondos destina a la “investigación” y a la “prevención en el consumo de drogas” (imprescindibles, una vez más, las comillas…) ponen negro sobre blanco las condiciones que establecen para recibir subvenciones: “en un proyecto de investigación sobre sustancias psicoactivas prohibidas las conclusiones jamás podrán arrojar resultados positivos sobre dichas sustancias”.20 A esto se le puede llamar de muchas formas, pero desde luego no “investigación”…
6ª EVIDENCIA- La Academia, obviamente, está imbuida de la Doctrina Prohibicionista, y, en tanto que aparato de reproducción sistémica (aún sin ponernos completamente althusserianxs) apuntala obediente sus mitos, especialmente algunas facultades (Psicología, Trabajo Social, etc.); en menor medida otras (Derecho, Sociología…) Si observamos la propia denominación de las maestrías de especialización (“Máster en prevención de drogodependencias” o similares) se observa el reduccionismo con el que se aborda el tema, muy conveniente a la citada construcción del “problema droga”.21
Además, como parte fundamental del entramado de la reproducción sistémica y de la creación de realidad, los medios de desinformación masiva (prensa, radio, TV, ciertos sectores de las redes virtuales…) coadyuvan a construir el tipo de imaginario funcional a la Prohibición. Es evidente su absoluta falta de rigor en las informaciones vertidas sobre drogas y una voluntad más cercana a crear titulares sensacionalistas que a contrastar y difundir conocimiento útil y realmente preventivo. Además, varias décadas de imposición de las líneas informativas a seguir, de la demostración de lo costoso que puede resultar cuestionar las versiones oficiales impuestas y, por tanto, de lo delicado del tema, invitan a la mayoría de los medios (presa también de la ignorancia general inducida sobre el tema) a eludir la reflexión, a buscar la simplificación y, en ocasiones, el beneficio propio, con el uso de titulares tan falsos como llamativos, para vender más noticias. Esto supone, entre otras cosas, que su papel es claramente contrapreventivo; no sólo por falta de veracidad sino incluso por la propagación de ciertos “consumos de moda”.22
En los medios, la “fetichización del concepto “droga”, la demonización de algunas sustancias y la aparente benevolencia, o por lo menos tolerancia, con respecto a otras, la estigmatización y discriminación de ciertxs usuarixs, la polarización social ante el establecimiento de un “ellxs-adictxs-enemigxs” y un “nosotrxs normales”, la asociación droga-delito o droga-seguridad, la identificación de “usuarix de droga” como idéntico a “adictx” y como “enfermx”, la magnificación de ciertos problemas y omisión de otros, los continuos mensajes sensacionalistas y alarmistas, etc. etc., contribuyen a la creación de una “hiperrealidad” del “problema droga”; es decir: se sustituye la realidad del fenómeno por una simulación de ella y se diluye la diferencia entre lo real y lo falso”.23
7ª EVIDENCIA- Por todo lo anterior,los materiales y las campañas preventivas son parte de ese mismo entramado desinformativo prohibicionista. “Las campañas preventivas son la expresión hecha discurso de los criterios políticos penalizadores con los que se está afrontando el tema”, afirmaban lxs teóricxs del Grupo IGIA, ya en los años 80.24 Al respecto de las estrategias preventivas mayoritarias, y a su práctica realmente existente, así lo expresaban Pallarés y Martínez: “La prevención prohibicionista, camuflada bajo una pátina cientifista, ha abarcado diferentes ámbitos, a destacar el ámbito educativo (…) Los mensajes de éstos agentes acostumbran a centrarse en las sustancias y los efectos negativos, o tal vez en los aspectos legales. Sea como sea, la intención es inocular miedo y el mensaje es inequívoco: no se debe consumir.”25 Hoy en día, como vemos, ese camuflaje es mucho más grueso que una “pátina”.
Efectivamente, pese a que se remozasen las triadas basadas en la epidemiología (“prevención primaria, secundaria, terciaria…”) y se sustituyesen por otras más actuales (“prevención universal, selectiva e indicada”) y que desde hace pocos años prime la omnipresente “prevención ambiental”, los presupuestos de fondo permanecen inalterados.26 Así,se perpetúa bajo diferentes disfraces el sempiterno eslógan “Just Say NO”, popularizado en los 80 por Nancy Reagan, la ex-primera dama imperial, en el momento en que la Administración dirigida por su marido relanzaba oficialmente la “guerra contra (algunas) drogas”, mientras alentaba en la práctica el fortalecimiento de diversos cárteles en América Latina y financiaba con dinero negro del narcotráfico a la Contra Nicaragüense.27
Esos presupuestos de fondo se venden ahora con más fuerza que nunca bajo ese mantra de estar haciendo “prevención basada en la evidencia” (cuyo análisis y cuestionamiento nos está llevando a escribir esta serie de textos) y que, como venimos diciendo, en lugar de referirse a la necesaria seriedad científica, se está convirtiendo en un arma arrojadiza por parte de algunos entes supranacionales, que a su vez bajan líneas a los nacionales y locales, para imponer la línea ortodoxa prohibicionistay, por tanto, para “validar” determinados métodos en base apremisas y fundamentos torticeros. En este punto no nos detendremos más, ya que fue abordado someramente en el primero de los escritos de dicha serie y será desarrollado más extensamente en algunos de los subsiguientes.28
8ª EVIDENCIA- A pesar de las sandeces que defienden lxs “preventólogxs de la evidencia”, con el ínclito Gregor Burkhart (“jefe” europeo de la “prevención”) a la cabeza, sobre que“la información no protege, y puede ser perjudicial”y, simétricamente, que “la falta de información no es un factor de riesgo establecido” (sic), el conocimiento, además de un derecho, obviamente es un factor de protección. No el único, claro; no en todos los casos el más importante, lógicamente, pero sí uno insoslayable.29
Curiosamente, cuando la actual preventología dominante dice que informar no sirve para nada, y también cuando presenta pseudoestudios sobre la supuesta eficacia de sus prácticas, nunca se plantea qué información está dando (ni tampoco cómo la da, pero eso es otra historia…).30 Lo diremos en palabras del Dr. Fernando Caudevilla: “Desde el punto de vista de la prevención -prohibicionista-, se considera que el objetivo principal no es dar información veraz y objetiva, sino evitar cualquier consumo de drogas. Así, para definir los efectos de las drogas suele emplearse un gazpacho de efectos agudos de las dosis habituales, efectos adversos, efectos tóxicos por sobredosis y efectos del consumo crónico destinado a «elevar la percepción de riesgo» independientemente de cual sea la realidad.»31
Efectivamente, la “información” que se nos ofrece habitualmente tiene un claro sesgo. Por un lado, “ignora” que la distinción entre las drogas legales y las ilegales está basada en criterios económico-políticos, y que no tiene absolutamente nada que ver con la declarada protección a la salud pública. Además, por supuesto, en el caso de las ilegales prácticamente sólo se habla de los efectos indeseados, y además estos se magnifican, según esta estrategia que pretende elevar la percepción de riesgo y así evitar el consumo pero que a lo que conduce es a una completa pérdida de confianza en dicha “información” por parte de las personas usuarias, e incluso al cumplimiento de la Fábula del Pastorcillo Mentiroso. Todo ello, por tanto, tiene efectos claramente contrapreventivos.32 A “lxs niñxs hay que decirles siempre la verdad”, como cantaban Les Luthiers…
9ª EVIDENCIA-Ningún/a educador/a con algo deconocimiento y de ética habla de“fracaso escolar” de niñxs concretxs, individualizandoproblemas socioeducativos. En todo caso habría que hablar de fracaso del sistema; educativo y general. Lo que corresponde es analizar las condiciones por las que unas y otros se adaptan mejor o peor al sistema educativo (lo que evidentemente, no les convierte en más listxs o tontxs, en mejores o peores personas; sólo exactamente en esto: en mejor o peor adaptadxs a él…). Al respecto de ello, la sociología crítica de la educación ha demostrado una y mil veces que la variable fundamental (o el conjunto de ellas, más bien) es el nivel socioeconómico y educativo de lxs progenitorxs. Desde luego NO lo es el consumo de drogas, como indecentemente afirman algunas entidades preventoevidenciadas, con muy poco conocimiento, o con muy poca vergüenza y honradez intelectual.33 En todo caso, cuando existen consumos problemáticos (de larga duración o, al menos, no puntuales) éstos son más consecuencia de problemas subyacentes que causa de ellos.
Porque si de causas hablamos, y examinando las cifras de prevalencias de consumo y las de abandono escolar en toda Europa, no es que no haya relación de causalidad (asociación “fuerte”; válida en la ciencia que tanto invocan y prostituyen) es que ni siquiera existe correlación. Analizando los datos relativos al cannabis (la droga ilegal más consumida y sobre la que más descaradamente mienten las citadas ONGs evidenciosas) vemos países con las más altas tasas de abandono y los consumos más bajos, y viceversa. Evidentemente, son los factores socioeconómicos y educativos antes citados los que importan, NO los consumos.
En este punto, podríamos hablar de cómo también se ignoran sistemáticamente las conclusiones del famoso Experimento de Alexander sobre la dimensión social de la adicción. O también sobre cómo ciertxs drogabusólogxs sesgan y retuercen el concepto de la presión de grupo para, una vez manipulado y desnaturalizado, convertirlo en el eje sobre el que hacer pivotar casi todas sus estrategias, validadísimas por la “ciencia”. Pero eso nos llevaría demasiado lejos y lo abordaremos en próximos artículos.
10ª EVIDENCIA- Por todo lo anterior, y ya que en sus textos lxs “preventólogxs de la evidencia” reiteran cansinamente que losobjetivos de una acción preventiva deben ser ajustados y realistas; adecuados y no iatrogénicos, podemos afirmar que la prevención debería tener como horizonte la reducción del consumo problemático. Dicho de otra forma:se trata de hacer una prevención de los posibles problemas asociados al consumo y no del consumo mismo. Elobjetivo general, por tanto, no debe, ¡ni puede! ser el “consumo cero”, lo cual (exceptuando casos particulares que, por diversos motivos, lo ameriten como táctica adecuada) en tanto que sociedad, no sólo es imposible sino además indeseable. Se trata de procurar que dicho consumo sea responsable y lo más consciente, informado y seguro posible. Tenemos que trabajar para hacer una adecuada educación sobre drogas, con mirada amplia (desde un análisis antropológico, histórico, sociológico, económico-político, filosófico, sanitario, farmacológico, químico, educativo…) integrada en una todavía más necesaria educación para la salud, y deconstruir el “problema droga” tal cual está diseñado por la Doctrina Prohibicionista.34
Lo diremos todavía de otro modo: si, tal como afirman en el citado Curriculum Europeo, y en cada insufrible curso basado en él, los datos crecientes de consumo y de problemas asociados indican que se está haciendo prevención de modo inadecuado, no es porque se estén siguiendo mal las instrucciones de la prevención prohibicionista evidenciada y evidenciosa, sino porque el objetivo general mismo que esta perspectiva marca es delirante, acientífico e irracional. Pero, como ya apuntábamos en el escrito anterior, desgraciadamente entre los muchos intereses creados por la Prohibición (crematísticos, políticos, etc.) se encuentra también el interés corporativo de ciertxs drogabusólogxs que viven de perpetuar los problemas en lugar de trabajar por unamirada más compleja, honesta, y por supuestovaliente que vaya en la dirección de la solución.
En suma: sólo desde un marco de abordaje diferente, realmente basado en la protección de la salud pública, de la seguridad pública y de los derechos y, por tanto, basado también en la ciencia, y no desde uno erigido en base a falsos constructos y sustentado en el sistema penal, podemos hacer algo digno de ser llamado “prevención”. Eso sí es una evidencia.
Javier Sánchez Arroyo, Dr. en Historia Contemporánea y fundador y coordinador del Programa Consumo Conciencia.
- 1 https://consumoconciencia.org/analisis-critico-a-la-prevencion-de-drogas-basada-en-evidencia/ En este segundo, hay algunas ideas del anterior repetidas (poquitas en cualquier caso) para que se pueda leer con autonomía respecto al primero. ↩︎
- En cualquier caso, hemos redactado también una versión resumida (más bien “esquelética”) del mismo en sólo dos páginas, para quien sólo tenga tiempo para diez aseveraciones desnudas…;-) ↩︎
- Informe de la Comisión Global de Políticas de Drogas, El problema mundial de la percepción de las drogas (2017) p. 11 ↩︎
- 4 Ver el sencillo y ameno libro de Giorgio Samorini, Animales que se drogan, Ed. Cáñamo, Madrid, 2003. ↩︎
- Luego, ya fuera del cargo…, Annan se convirtió en un declarado antiprohibicionista y pasó a encabezar la lista de figuras políticas que forman el elenco de “comisionadxs” de la citada CGPD, como también, por ejemplo, Fernando H. Cardoso, Ricardo Lagos (ex-presidentes de Brasil y Chile, respectivamente), y hasta el ínclito Javier Solana. Las excepciones las constituyen las personas que son valientes para defender posiciones antiprohibicionistas sensatas, valga la redundancia, estando en activo en un cargo de responsabilidad, como el Dr. Daniel Radío cuando era Secretario General de la Junta Nacional de Drogas de Uruguay ↩︎
- “En el caso de la heroína, se ha constatado que aproximadamente el 23% de los que la prueban desarrollarán un uso problemático y el 77% no; para la cocaína, la estimación es de alrededor del 17% y para el cannabis de alrededor del 9%. Un 15% de las personas que consumen alcohol y el 32% de quienes prueban el tabaco desarrollarán un uso problemático de estas sustancias.” Anthony, J., Warner, L., Kessler, R. (1994) Comparative epidemiology of dependence ↩︎
- En “Consumo de drogas, reducción de daños y el derecho a la salud. Informe de la Relatora Especial, Tlaleng Mofokeng, sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel. Promoción y protección de todos los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, incluido el derecho al desarrollo posible de salud física y mental.” Asamblea General de las Naciones Unidas, Consejo de Derechos Humanos, 56º período de sesiones, 30 de abril de 2024. ↩︎
- Podríamos situar su origen remoto en el momento en el que el cristianismo se convirtió en religión oficial del Imperio Romano, con la quema de la Biblioteca de Alejandría como un acto casi fundacional que apuntaló la imposición del dogma y el control del conocimiento “válido”. Dicha represión, “justificada” por la persecución de “sustancias diabólicas”, no tuvo solución de continuidad desde entonces, pero sí se dieron episodios de intensificación en ella, cuando cambios jurídicos en el “occidente” cristiano instauraron la presunción de culpabilidad en lugar de la de inocencia. Desde la publicación de “El martillo de las brujas” (Malleus Maleficarum) escrito por los dominicos Kraemer y Sprenger en 1486, se recrudeció la cruzada interna y externa, para lo cual se legitimó, además, el uso de todo tipo de torturas en los “procesos” inquisitoriales. Todo ello para reprimir un ancestral conocimiento de la naturaleza y también, y eso es lo crucial, un desafío a las estructuras patriarcales, monárquico-religiosas; de poder, en definitiva. Científicos famosos (Servet, Bruno…) acabaron en la hoguera, pero también cientos de miles de, sobre todo, mujeres, no menos sabias pero sí anónimas, con el pretexto de que el uso de plantas y ungüentos les conferían poderes demoníacos. Estos fueron también los principios rectores del etnocidio que acompañó a la conquista de América (de Abya Yala) y de otros continentes. ↩︎
- Por poner sólo dos ejemplos, de los cientos que revela cualquier análisis histórico serio, valgan estos: Las sentencias del “Zar Antidroga” Harry J. Anslinger utilizadas en el momento de prohibir el cannabis: “La marihuana es la droga que ha causado más violencia en la historia de la humanidad”; “Los porros hacen que los negratas se crean que son como el hombre blanco”; “Hay 100.000 fumadores de marihuana en los EE.UU., y la mayoría son negros, hispanos, filipinos y artistas. Su música satánica, el jazz y el swing, es el resultado del consumo de marihuana”; “La marihuana es una droga adictiva que causa locura, criminalidad y muerte a quien la consume”; “La marihuana conduce al lavado de cerebro pacifista y comunista”. Atendamos también a estas palabras de John Ehrlichman (en 1994), asistente para Asuntos Internos (1969- 1973) de Richard Nixon (presidente que acuñó, de hecho, la expresión “Guerra contra las Drogas”, aunque no la iniciase su Administración): “La campaña de Nixon en 1968, y la Casa Blanca de Nixon después, tenía dos enemigos: la izquierda antibélica y la población negra. ¿Entiendes lo que te digo? Sabíamos que no podíamos hacer que fuera ilegal estar en contra de la guerra o ser negro, pero logrando que la opinión pública asociara a los hippies con la marihuana y a los negros con la heroína, y luego criminalizando con fuerza las dos sustancias, podríamos desequilibrar a esas comunidades. Podríamos detener a sus dirigentes, registrar sus casas, disolver sus reuniones y difamarlas, noche tras noche, en las noticias. ¿Que si sabíamos que estábamos mintiendo acerca de las drogas? Obviamente.” ↩︎
- La propia DEA (agencia norteamericana “anti”-droga) calcula que el 20% de los depósitos en los bancos suizos provienen de dinero negro del tráfico de drogas ilegales. Según estimaciones diferentes de la propia ONU, el tráfico mueve unos 500.000 millones de dólares al año. Pero además tenemos que contemplar la cantidad de dinero blanco que se genera: el de la industria farmacéutica, el principal beneficiario, que se enriquece vendiendo drogas legales, en muchos casos sucedáneos de las ilegalizadas; el “nicho de mercado” asistencialista, con todas sus complejidades; y también el que corresponde al aparato represivo, desde los cuerpos policiales y los aparatos militares destinados a la “guerra contra (algunas) drogas”, al negocio que son las cárceles, en su vertiente más crematística. ↩︎
- Ver por ejemplo el texto de Alessandro Baratta, un autor referente para la criminología crítica, “Introducción a una sociología de la droga”, incluido en el libro ¿Legalizar las drogas? Criterios técnicos para el debate (1991). En una ponencia brillante, Baratta analizaba entre otras muchas cosas cómo la legislación sobre drogas, además del derecho a la autonomía y al libre desarrollo de la personalidad, viola otros principios básicos de los ordenamientos jurídicos de este tipo: la proporcionalidad en las penas, el principio de legalidad (negado, por ejemplo, por la inmunidad de los informantes), el principio de subsidiariedad, y también el principio de idoneidad, puesto que en absoluto se demuestra, sino todo lo contrario, la utilidad (la declarada, claro…) de las medidas penales y punitivas. Desgraciadamente, en el tema drogas parece que vale todo… Como declara la Doctora Raquel Peyraube, la Prohibición violó en primer lugar el derecho al conocimiento, para a partir de ello poder conculcar todos los demás. ↩︎
- Informe de la Relatora Especial, Tlaleng Mofokeng, sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel. Promoción y protección de todos los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales (…) op. cit. Tampoco es casual, por cierto, que más voces críticas provengan de países históricamente colonizados (y también de Comisiones de DD. HH. y no de la funesta ONUDD, cuya misma denominación lo dice todo…) y que la actual contra- ofensiva preventológico-prohibicionista vuelva a surgir de los EE.UU. y que se imponga con rapidez en la también imperial Europa. La negrita es nuestra. ↩︎
- En Castro, A., “Políticas públicas y prevención. Entre Figuras y Fondo en la Prevención de los Usos Problemáticos de Drogas. Un Análisis de los Alcances en el Marco de las Políticas Públicas”, pág. 21, presente en De la Teoría a la Acción: Construyendo Respuestas Interdisciplinarias en el Campo de las Drogas, Junta Nacional de Drogas de Uruguay, Montevideo, 2025. Las palabras de Dreyfuss, Presidenta de la Comisión Global de Políticas de Drogas, pertenecen al citado Informe de 2017 de dicha Comisión. La negrita es nuestra. ↩︎
- Por poner un sólo ejemplo, veamos cómo anunciaba Andrew Volstead la entrada en vigor de la conocida como Volstead Act o “Ley Seca”: “Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva nación. El demonio de la bebida hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos; los transformaremos en granjas y fábricas. Todos los hombres
volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno”. Las consecuencias de este ley se pueden sintetizar así:
1. 45.000 personas sentenciadas a prisión por delitos relacionados con el alcohol.
2. Más de 130.000 personas multadas o bajo detención preventiva.
3. Casi 30.000 personas muertas por beber alcohol metílico y otras destilaciones venenosas.
4. Cerca de 100.000 personas con lesiones permanentes como ceguera o parálisis.
5. Desvío al circuito ilegal de uno de cada cinco litros de alcohol industrial desnaturalizado.
6. El 34% del cuerpo policial encargado de hacer cumplir la ley había sido declarado sospechoso de recibir sobornos; y otro 10% ya había sido condenado por ello con sentencia firme.
7. El consumo de alcohol se había reducido entre un 10 y un 30%, con la salvedad de que, realmente, lo que se consumía era menos cerveza y más bebidas de alta graduación, ya que al Sindicato del Crimen le resultaba mucho más provechoso comerciar con las segundas que con la primera ↩︎ - Borrás, T., y Trujols Albet, J., «La reducción de riesgos en el ámbito asistencial». En Martínez Oró, D.P. y Pallarés Gómez, J., (eds.) De riesgos y placeres,. Manual para entender las drogas, Ed. Milenio, Madrid, 2013. La negrita es nuestra. ↩︎
- Goosdeel, que dejó el cargo a finales de 2025 tras 10 años en él, lo hizo afirmando la siguiente barbaridad: «Hoy las drogas están en todas partes. Todo puede consumirse o ser objeto de un comportamiento adictivo. Y como consecuencia, todo el mundo puede enfrentarse personal o indirectamente a alguien que tenga un problema de adicción aguda o crónica». La negrita es del propio artículo: https://es.euronews.com/my-europe/2025/12/11/droga-esta-hoy-
todas-partes-advierte-alexis-goosdeel-director-agencia-europea-drogas A alguien que ha dirigido semejante organismo, quizá, sólo quizá, se le debería exigir que supiera distinguir entre “droga” y “adicción”; dos conceptos absolutamente diferentes, aunque tengan un ocasional punto de tangencia. Además, “Para Goosdeel, el peligro también se deriva del aumento del número de sustancias disponibles en los últimos 10 años, lo que exige una respuesta más compleja por parte de las autoridades públicas (…) «El hecho de que se utilicen más sustancias no significa que todas sean drogas. Significa que no todo el mundo consume drogas, ni todo el mundo es un delincuente» (…) «No solo estamos hablando de drogas, sino también de sustancias que la gente utiliza para hacer frente a una mayor ansiedad o presión para rendir, lo que significa que también tenemos que cambiar el software o la comprensión de qué sustancias se utilizan hoy en día.» No tenemos palabras… El análisis de todas sus declaraciones darían para hacer una tesis doctoral… sobre la ineptitud, la estupidez… y el servilismo respecto a intereses espurios. ↩︎ - https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/prevencion/pdf/2020_Curriculum_de_prevencion_europeo.pdf La afirmación está en la página 19 del documento. No hace falta que desarrollemos razonamientos socráticos en un documento sencillo como éste pero, parafraseando al filósofo, las leyes nos interpelan de este modo: “O nos cambias, o nos obedeces”. Es decir, acatamos y cumplimos las leyes injustas mientras las cuestionamos; no esencialmente con desobediencia individual sino con acción colectiva enfocada en lo estructural. ↩︎
- https://www.globalcommissionondrugs.org/wpcontent/uploads/2019/06/2019Report_ESP_web.pdf ↩︎
- Informe de la Relatora Especial, Tlaleng Mofokeng, sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel. Promoción y protección de todos los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales (…) op. cit. ↩︎
- La cursiva es nuestra. En 1995, por poner otro ejemplo, la OMS y el Instituto Interregional de las Naciones Unidas para Investigaciones sobre la Delincuencia y la Justicia (UNICRI) anunciaron los resultados del mayor estudio global sobre el uso de la cocaína realizado hasta el momento, en que participaron más de 40 investigadorxs de todo el mundo. El estudio llegó a la conclusión de que el uso de hojas de coca no parece producir efectos negativos para la salud y desempeña funciones sagradas y sociales entre los pueblos indígenas. Además, instó a que se se realizaran más investigaciones sobre los usos terapéuticos de la hoja de coca. Cuando las delegaciones de los Estados Miembros conocieron los resultados del estudio, el representante estadounidense aclaró aún más la posición de su país, al apuntar: “Si las actividades de la OMS relacionadas con las drogas no logran fortalecer los métodos demostrados de fiscalización, se deberán recortar los fondos destinados a los programas pertinentes”. La negrita y las cursivas son nuestras. Esto propició que se pusiera fin al proyecto sin que se completara el proceso que aún estaba pendiente, y que nunca se publicaran los resultados del estudio. ↩︎
- El Máster equivalente en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República de Uruguay, casi una excepción en este sentido, tiene la mucho más amplia denominación “Máster de especialización en drogas”, y en él se trata el tema desde un punto de vista histórico, antropológico, filosófico, sociológico, sanitario, etc, etc. ↩︎
- A veces difundiendo majaderías, como la que decidieron llamar el “agua de Dios” (ver nuestro artículo al respecto: https://consumoconciencia.org/el-agua-de-san-dios-bendito-danos-paciencia/ ) En otras ocasiones, han llegado incluso a crear un mercado que antes no existía, como en el caso del mal llamado “tusi” o “tusibi”. En este texto hicimos una aclaración sobre esto último: https://consumoconciencia.org/drogas/tusibi/ ↩︎
- En Keuroglian, L., “Las drogas en noticias: una mirada a las representaciones sociales de las drogas en la prensa escrita uruguaya de los años 2002, 2009 y 2013”. Trabajo para optar al Título de Magíster en Psicología Social, Udelar, Montevideo, 2018. ↩︎
- González Zorrilla, C. et. al., Repensar las drogas, Grupo IGIA, Barcelona, 1989 ↩︎
- La negrita es nuestra. El texto pertenece al capítulo “Riesgos, daños y placeres, a modo de introducción de un manual para entender las drogas”, de Martínez Oró y Pallares, en Martínez, D. P. y Pallarés, J., (eds.) De riesgos y placeres. op. cit., pág 33. ↩︎
- Respecto a la prevención ambiental, por cierto, no es que no nos parezca positivo y, aún más, imprescindible atender a los contextos del consumo, y crear ambientes lo más saludables posible, utilizando, entre otras, medidas normativas. Sin embargo, como analizaremos en un próximo artículo específico, es patente la estrechez del análisis contextual desde el que ésta se propone. Entre otras cosas, porque si dicho análisis fuese amplio, además de poner el foco en la insanía general de las sociedades actuales y en su injusticia estructural, habría que repensar las bases de las políticas de drogas, empezando por el principal marco normativo: la Prohibición. ↩︎
- Así se reconoce en el “Informe Kerry”, realizado por una comisión liderada por John Kerry, ex-Secretario de Estado de la Administración Obama. ↩︎
- Obviamente, dóciles a lo indicado por quienes marcan la ruta, muchas empresas prestadoras de servicios y ONGs que funcionan como tales se ciñen al ordenamiento sistémico, y además descalifican siempre que pueden a quienes trabajan desde otro punto de partida y con otros métodos ↩︎
- Para una persona que es alcohólica porque vive en la calle, saber o no lo que le provoca el alcohol (lo cual, por otro lado, lo tiene muy claro) no es importante; haber perdido, quizá, su trabajo, sus vínculos afectivos, su techo, etc, sí. Sin embargo, para alguien que en un festival decide consumir, por ejemplo, MDMA, saber qué es la sustancia, cuáles son
sus caracteres y usos, sus contraindicaciones, conocer la dosificación, saber si está o no adulterada… puede marcar la diferencia entre una noche de fiesta o una en urgencias, o algo peor… Claro que lxs “preventólogxs de la evidencia” lo resolverían muy rápido: “Hay que decirle que NO consuma”, lo cual, reiteradamente, científicamente, ha demostrado
su eficacia… ↩︎ - Sólo por mencionar apenas dicha forma, aunque el objetivo fuera el “consumo cero” es obvio que interpelar con el “NO”, no funciona… ¡con adultxs! Quien todavía defienda que puede servir con adolescentes, que se lo haga mirar… La FAD tiene la desvergüenza de decir en sus campañas sobre el uso de móviles por parte de niñxs que “prohibir no es
la solución; se trata de acompañar…”. Sin embargo, vaya por Dios, parece que respecto a las drogas no hay que enseñar ni acompañar nada; sólo apoyar y mantener la delirante legislación actual y la prevención prohibicionista, su profeta… No sabemos si esta diferencia de criterio tendrá que ver entre otras cosas con que en su patronato, además de Iberdrola, el Banco Santander, Repsol, Atresmedia, la CEOE, Endesa, el BBVA, la COPE o Vocento esté también Telefónica… ↩︎ - 31 Caudevilla Galligo, F., «Cocaína: efectos y riesgos», en Cocaína, Ed. Amargord, Madrid, 2010. ↩︎
- En el infame e insultante “Glosario de términos” del Currículum de Prevención Europeo editado por el OEDT, lxs autorxs “definen” “uso de sustancias” de la siguiente forma: “Las sustancias se pueden definir como derivados del tabaco, alcohol, inhalantes y otras sustancias como la heroína, la cocaína, el cannabis y los medicamentos psicoactivos
(utilizados con fines no médicos).” Si son recetadas, por lo visto, dejan de ser sustancias o dejan de ser “usadas”, oye… Sobre las clasificaciones de sustancias usadas por diversos organismos nacionales internacionales, elaborados por supuestos teóricxs, mejor no hablamos… Además de ser la mayoría de las veces tan incoherentes como para mezclar
criterios (origen químico con efectos, habitualmente) nos regalan perlas como catalogar la MDMA como una sustancia alucinógena (¿¡!?, ni siquiera es -concepto diferente- psicodélica, claro, sino entactógena), o poner en el mismo grupo inhalantes como los pegamentos y la LSD (caso este último de la Dirección General de Tráfico, por ejemplo) ↩︎ - Algún caso especialmente destacable, como el de la Fundación EDEX que, entre otras cosas, achaca directa y vengonzantemente el “fracaso escolar” al consumo de cannabis, será analizado en próximos artículos. ↩︎
- Reducir el consumo SÍ es un objetivo razonable… ¡De todo!… Como lo es proponer el consumo responsable… ¡De todo!: de tecnología, de alimentos, de ropa… de bienes en general… siendo conscientes de su trazabilidad, de sus repercusiones a todos los niveles; para el planeta, para la conviviencia, para la salud, para la vida…
Respecto al “problema droga” reiteramos las palabras de Touzé: “El “problema droga” remite hoy más que a datos objetivos sobre la realidad del fenómeno a una determinada percepción asentada en concepciones estereotipadas e irracionales. Tal percepción social, varía históricamente y responde más a condicionantes de tipo sociopolítco que a
modificaciones sustanciales en los patrones epidemiológicos.” En Touzé, G., Manual para educadores: Prevención del consumo problemático de drogas. Un enfoque educativo, Intercambios, Buenos Aires, 2010, p. 22. ↩︎
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