COMPOSICIÓN:

Alcohol etílico o etanol en diferentes proporciones (expresado en gramos de alcohol puro):

Como aproximación, podemos decir que en un vaso de vino hay unos 9 gramos de alcohol, en un tubo de cerveza alrededor de 13.5 y en un cubata 22.5 gramos.

PROPIEDADES:

El alcohol etílico es un depresor del sistema nervioso central, esto es, ralentiza las funciones vitales. Sin embargo, a dosis bajas y/o moderadas puede provocar estados de euforia por la desinhibición que provoca adormecer la parte responsable del control.

POSOLOGÍA:

Al entrar en el organismo es rápidamente absorbido por el aparato digestivo. A los 5 minutos ya puede encontrarse alcohol en sangre y su concentración máxima se produce a los 30 min. Aproximadamente. Una vez en el organismo, el alcohol recorre prácticamente todo los sistemas corporales. En el hígado se elimina el 90% del alcohol ingerido, y el 10% restante mediante la respiración, la orina y el sudor. La tasa de eliminación es diferente en mujeres y en hombres.

Se estima que a partir de las 40 gr en los hombres y 24 gr en el de las mujeres en un mismo día puede existir un consumo de riesgo.

Estas cantidades son orientativas. El consumo de alcohol puede producir daños en la persona

dependiendo de multitud de variables: sexo, edad, peso, estado físico, estado psíquico, etc.

CONTRAINDICACIONES:

En niños, mujeres embarazadas y mujeres en periodo de lactancia. Si se padecen enfermedades hepáticas (del hígado) o del aparato digestivo. Si se ha de conducir vehículos o manejar maquinaria peligrosa. Si se padece algún tipo de trastorno psicológico o se está pasando por un mal momento personal.

PRECAUCIONES:

Los efectos del alcohol dependen, claro, de la velocidad con la que se consume. Beber despacio hará que los niveles de alcoholemia no se disparen y, por tanto, se reduzca la posibilidad de sufrir consecuencias negativas. Por otra parte, el peso corporal de la persona también es importante: en igualdad de otras variables, a menor peso, mayor es el efecto que produce el alcohol.

Existen diferencias importantes entre hombres y mujeres en la metabolización del alcohol. Las mujeres tardan más en metabolizarlo por lo que estará presente en su organismo durante más tiempo. Beber alcohol con el estómago vacío hace que el alcohol pase mucho antes al torrente sanguíneo y con más intensidad. Por esto, las probabilidades de que siente mal se incrementan.

Cuando se consume alcohol de forma repetida se desarrolla rápidamente tolerancia. Esto implica que cada vez se necesitará beber más para conseguir los mismos efectos. Las mujeres también desarrollan tolerancia mucho más rápidamente que los hombres.

Con el consumo continuado de ciertas cantidades se desarrolla dependencia física y, una vez ésta aparece, si se interrumpe bruscamente el consumo se genera un síndrome de abstinencia (mono) llamado delirium tremens, que produce importantes daños orgánicos y llega a ser mortal en un elevado porcentaje de casos.

EFECTOS SECUNDARIOS:

En determinadas personas, el consumo de alcohol puede producirles una serie de reacciones adversas importantes: intoxicación con pequeñas cantidades de alcohol, descontrol (hacer cosas de las que uno luego puede arrepentirse), potenciación del estado de ánimo (importante sobre todo cuando no estamos en buen momento), etc…

OTROS EFECTOS SECUNDARIOS:

El alcohol es una sustancia legal, consumida por doquier y que lo impregna todo en nuestra sociedad. Así que si tienes más de 18 años y no hace demasiado el/la tont@ o no conduces bajo sus efectos, te dejan ponerte hasta las cejas (e incluso lo promueven…) sin que la ley se meta en tus asuntos, a diferencia de lo que ocurre con otras drogas; por motivos estrictamente económicos, políticos y sociales, no vayas a creer…

También suelen aparecer otros efectos secundarios como: suciedad generalizada y/o destrozos, ruidos, molestias o faltas de respeto, peleas, etc, etc… sin que ello conlleve reacciones sociales comparables a las que se generan (o generarían, si fueran de esa magnitud o incluso menor) al respecto de las sustancias ilegales.

INTERACCIONES:

Dado que el alcohol es un depresor del sistema nervioso central, debería evitarse su combinación con otros depresores. La mezcla de alcohol con tranquilizantes de farmacia, con GHB (mal llamado“éxtasis líquido”) o Ketamina (“Special K”, “Keta”…) puede producir estados profundos de sedación con pérdida de conciencia e incluso coma.

Por otra parte, la mezcla de alcohol con estimulantes como el sulfato de anfetamina (“Speed”) o con estimulantes-entactógenos como la MDMA (“Éxtasis”) incrementa la deshidratación corporal y el riesgo de “golpe de calor”. La combinación de alcohol y cocaína genera en el organismo el llamado coca-etileno, un metabolito altamente tóxico. Además, la combinación de alcohol con estimulantes hace que se contrarresten los efectos de ambos, con lo que puede aparecer una tendencia a un mayor consumo con objeto de experimentar los efectos deseados y, por tanto, un aumento en los riesgos.

La combinación con psicodélicos enturbia la experiencia de estos segundos y está totalmente desaconsejada.

INTOXICACIÓN:

En caso de ingestión de grandes cantidades del producto, pueden aparecer síntomas diversos como dificultades para andar y hablar, vértigos, vómitos, temblores y disminución del nivel de conciencia (que puede llegar incluso al coma y la muerte por parada cardiorrespiratoria). En el momento en que alguno de estos síntomas aparezca, se debe parar de beber inmediatamente, tomar algo de vitamina B (en zumos y frutas) y, en caso de que la persona se encuentre muy mal, acudir inmediatamente al médico o a cualquier dispositivo sanitario cercano. Estos problemas pueden ser muy importantes e, incluso, poner en peligro la vida de la persona. Por tanto, no hay que cortarse a la hora de llamar al médico o a una ambulancia.

La aparición de arcadas y/o vómitos es señal de que el organismo no tolera ya más cantidad de alcohol. Por tanto, vomitar y seguir bebiendo sólo aumenta las posibilidades de terminar mal la noche.

La intoxicación etílica produce al día siguiente la llamada resaca. Esta se produce por la deshidratación que provoca el alcohol, además de por el desgaste producido en el organismo y, por ello, es importante reponer lo perdido. Tomar abundante agua, zumos y frutas, ricos en vitamina B y dormir y descansar pueden ser buenas opciones. Hay multitud de prácticas (que seguro conoces) para llevar a cabo antes de beber o durante la noche para reducir la resaca, de las cuáles, seguramente la principal y más sencilla sea hidratarse abundantemente.

Manténgase fuera del alcance de los niños. Consulte a su médico o a personal especializado.

CC BY 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

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